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¡"Izar Velas" N°31

15 diciembre 2016

Durante la noche de Navidad, en una cueva de Belén, un acontecimiento ha perturbado la marcha del mundo. ¡Todo ha cambiado, todo se ha convertido en posible!

Este acontecimiento no tiene nada de ex-cepcional, el nacimiento de un bebé. Sin em-bargo, ¡el cielo está lleno de júbilo, los ánge-les cantan la gloria de Dios! Es el comienzo de un gran movimiento: El pueblo que caminaba en la noche diviso una luz grande (Is 9:1), y los pastores, y luego los magos, han ido a adorar al niño, frágil y dependiente. Lo que es ex-cepcional, es que nuestro Dios Todopodero-so, el creador del cielo y de la tierra, nos espe-ra en un estado que en principio no se le ase-meja: Un niño recién nacido envuelto en paña-les y acostado en un pesebre (Lc 2:12) ¿podría ser el que Isaías anunció y que designaba a través de estas denominaciones: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de la Paz? (Is 9:5)
Pero no hay nada imposible para Dios (Lc 1:37); es nuestra imaginación que nos hace creer que Dios no puede estar cerca, que no puede esperar algo de nosotros. Este es el niño pequeño, frágil y dependiente que va a decirnos que debemos amar a nuestros ene-migos y orar por quienes nos persiguen (Mateo 5:44), que estaremos felices si tene-mos el corazón puro (Mt 5:8), que no entrare-mos en el Reino de los Cielos sino nos con-vertimos y nos hacemos como los niños (Mt 18:3). Sí, este nacimiento es la promesa de grandes cambios: todo va a ser posible. Leer más...  

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