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Los hermanos y las hermanas

En las comunidades Fe y Luz, los hermanos y las hermanas tienen su propio lugar. Sin embargo, esto es algo que a menudo les da miedo, porque en casa ya soportan una gran cantidad de sufrimiento. Pero una vez que se atreven a venir puede abrirse ante ellos un nuevo camino.


Mamá, ¿por qué no sonríes nunca?

¿Quién es capaz de imaginarse lo que significa para un niño no ver nunca sonreír a su madre? Hasta los cuatro o cinco años nunca había visto a mi madre sonreír de corazón. Debía tener esa edad cuando, un día entré en la cocina y le pregunté: “¿Mamá, por qué no sonríes nunca?” Mamá no me contestó y yo me eché a llorar. Sentía que a pesar de que ella nunca había dicho nada sobre mi hermana, su corazón estaba roto de dolor por Chicca.
Con papá era diferente. En los momentos difíciles, él era el que sonreía, el que nos contaba historias, el que jugaba con nosotros. Sólo ahora soy capaz de entender de dónde sacaba la fuerza para vencer su pena: de su fe, casi ciega, y de su amor por mamá y por nosotros, sus hijos.
La comunidad Fe y Luz ha marcado un hito en mi vida. Al principio, mis padres fueron los que más lo notaron, porque les ayudó a aceptar a Chicca. Indirectamente me beneficié de esta nueva atmósfera porque sentía y veía que estaban superando un momento de gran tristeza, y eso me hacía bien.
Me sentía a gusto en la comunidad: encontré amigos que nos aceptaban, que nos querían a Chicca y a mí tal y como éramos. Nos veían más allá de las apariencias, haciéndonos descubrir todas nuestras riquezas.
Chicca y sus amigos me enseñaron a distinguir lo importante y lo que no lo es. Recuerdo las horas pasadas con mi amigo Daniel en brazos, reconfortándolo, nada más, y las tardes en que tocaba la guitarra a su lado. Cuando a veces, hoy en día, se me ocurre que podría aprovechar mejor el tiempo, recuerdo aquellos momentos y me doy cuenta de que fueron Daniel, Chicca y sus amigos los que me enseñaron el valor del tiempo y del hombre. Me enseñaron, asimismo, el misterio del sufrimiento. En Fe y Luz cantamos, hablamos, comemos juntos… pero el gozo que nos caracteriza se basa en el sufrimiento. Puede que sea esa la razón de que las fiestas de Fe y Luz sean tan hermosas, y tan diferentes.
Todo lo que he vivido en Fe y Luz ha sido hermoso porque allí tenía amigos. Nunca sabrán todo lo que han hecho por mí, mi familia y todas las demás familias de Fe y Luz, gracias a su amistad, su disponibilidad, su tiempo, sus risas, sus peticiones, sus oraciones…